Pato Guzmán: Un congelador del tiempo

Patricio Guzmán de 75 años es el mejor realizador en nuestro país. En noviembre, como cada año, dictó una clase magistral en la U. de Chile. Entregó consejos y habló en base su experiencia de cómo contar una historia en el cine documental.

Ahí, frente a más de 150 personas, reconoció sin vergüenza, que tuvo miedo cuando grabó el Golpe de Estado de Pinochet. En el 72 ya había llamado la atención del fallecido cineasta francés Chris Marker, quien un día sin previo aviso, llegó a su casa para comprar su opera prima, Primer Año.

Guzmán es un esculpidor de la historia. Un congelador del tiempo, un opinante que siempre defiende al pueblo. Ha registrado momentos claves para: analizarlo, debatirlo, para emocionar con los relatos de los personajes que siempre son intensos, se refiere a ellos como: “A algunos los recuerdo para toda la vida, no se me olvidan nunca, permanecen para siempre en la memoria. De algunos tengo la dirección y nos enviamos cartas de vez en cuando. De cariño no más, de afecto”, dice.

El primer día, un lunes cálido, partió puntual. Estaba vestido completamente de negro. Su pelo blanco y unas gafas antiguas. Es un hombre sencillo que observa todo. Guzmán es la nostalgia misma, esa que refleja en sus documentales. Su voz es profunda, tiene sabor a poesía y es imposible no recordar sus relatos de Nostalgia de la Luz o el Botón de Nacar. Acompañado de una ayudante joven que lo apoya cuando alguien le hacían preguntas y no escuchaba bien. También, para encontrar las escenas de los ejemplos de documentales que coleccionó de diferentes partes del mundo.

Los más de 150 profesionales que se encontraban en el Auditorio José Carrasco del ICEI, aprovecharon cada minuto de las doce horas que duró el encuentro. Habló de los aspectos técnicos en la realización del cine documental y también de situaciones personales que lo llevaron a convertirse en el realizador que es hoy en día: un artista reconocido a nivel internacional.

Constanza Arenas es la directora de Cinema Chile, opinó: “Él es un patrimonio vivo del cine chileno. Es uno de los cineastas más relevantes en la escena actual de nuestra cinematografía”.

Guzmán ha viajado prácticamente por todo el mundo. Vivió mucho tiempo en Cuba, en Madrid y actualmente en Francia. En el lugar donde esté, siempre ha hablado de Chile. “Quizás porque estoy afuera se me hace más fácil, entender lo que está pasando en el país”, reflexionó en mitad de la clase. El seminario que realizó en el ICEI, lo dictó en otros 30 países.

En el segundo día Guzmán mostró películas del calibre de ETER, de Velu Viswanadhan. Incontables ejemplos, extractos de documentales, la mayoría de europeos. “Como yo vivo allá, saco ejemplos de allá. Me encantaría tener ejemplos de aquí. Sé que hay un movimiento de documentalistas extraordinariamente bueno y potente. Hay por lo menos 30 realizadores muy buenos, los conozco, pero poco”, argumentó la baja cantidad de muestras latinoamericanas.

Ese día fue vibrante: Risas, aplausos, lágrimas de emoción entre los asistentes, estuvieron presentes en cada uno de los ejemplos audiovisuales que entregó para hacerles lograr entender una perspectiva diferente del cine. En esa jornada confesó que estaba preparando la última parte de la trilogía que comenzó con el ganador de doce premios a nivel mundial: Nostalgia de la luz. No sabe de qué se tratará su nueva película, solo sabe que tiene que ser de la Cordillera de los Andes. Cuando alguien le preguntó cómo partía con el proyecto de una película respondió: “Con un guion imaginario”. “¿Por qué ‘imaginario’?”. “Para darle color”, dijo, entre las risas de los asistentes.

El tercer y último día reconoció que le gusta más la música que la literatura. Al final del seminario mostró un ejemplo que detuvo el tiempo, algunos viajamos al pasado: Fue el de una mujer anciana que hacía ilusionismo. Ocupaba el traje de su esposo fallecido y la escena que tuvo una duración de diez minutos estaba en francés, Patricio Guzmán traducía sobre el voz en off.  Cuando encendieron las luces terminó con un estremecedor aplauso de cada uno de los asistentes. La película se llamaba La Mujer de Los Cinco Elefantes. Todos anotaron el nombre en las libretas que les dieron de regalo. Una obra maestra, tiene una hermosa y melancólica melodía.

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